Es preciso reflexionar acerca del rol que los hombres han ocupado en la profesión de enfermería. La profesión y el concepto de
Históricamente, ha habido una distinción representativa de la mujer como figura femenina que sensibiliza y materializa la entrega de los cuidados ofrecidos a otros.
En ese contexto, se han supuesto ideologías asociadas al género que estereotipan los roles dentro de la labor del cuidado. De allí que surja la creencia que la enfermería es una profesión vinculada al género femenino, lo que ha dado paso a construcciones sociales desiguales e inequitativas entre hombres y mujeres.
También existe, a nivel global, una lógica binaria para los roles socioculturales que asignan denominaciones acreedoras y excluyentes para los hombres en la profesión, donde las características masculinas no se “deberían” asociar con emociones de compasión, amor, empatía y entrega por la labor, pero sí se “tiene que” relacionar con homólogos de fuerza, habilidad y robustez para desafiar la asistencia que requieren los servicios de salud.
Siempre en enfermería ha hecho falta un enfermero, aquel que con su presencia rompe los estigmas sociales y demuestra que la profesión es para todo género. Donde los prejuicios no tienen distinción y la equidad representa el colectivo profesional que comunica y populariza una imagen que ha evolucionado con el desarrollo de conocimiento y cientificidad que ha tenido la enfermería.
En la actualidad, en los programas universitarios, se observa un aumento en el número de hombres que deciden estudiar enfermería. Esta tendencia promueve una imagen de género que desafía los modelos tradicionales de la sociedad y visibiliza la necesidad de mostrarle al mundo lo importante de ellos en los diferentes campos de actuación como: asistenciales, comunitarios, docentes, administrativos e investigativos.
Es preciso resaltar que desempeñar una labor que socialmente ha sido catalogada para mujeres genera en el sexo opuesto un reto, no solo de cumplir con una tarea a nivel social, sino, también, en romper una decisión justificada por la vergüenza, el señalamiento social y los supuestos heteronormativos que designan funciones varoniles en una profesión, cuya esencia principal es el cuidado por el otro desde la introspección del yo. Sobre ello, Honneth A. indica que las profesiones valoran formas de autorrealización desde las prácticas fundadas por la autoestima, autoconfianza y autoconcepto, que se construyen desde la aceptación y el rol que como individuo desempeña en un contexto divergente de opiniones y haceres, marcados por dicotomías de género que han formado a las profesiones a lo largo de las épocas.
En consecuencia, resulta un objetivo de lucha alcanzar el reconocimiento social y la identidad de la enfermería desde una perspectiva diversa, equitativa e incluyente. Tal fin ha sido propuesto por un colectivo profesional presionado por múltiples sombras históricas, que han estigmatizado la profesión y no la han dejado avanzar en cuanto a percepción, aceptación y estatus social de género.
Ante este contexto, es preciso continuar, como lo han hecho algunos representantes de esta disciplina, destacando lo positivo de la enfermería, como una profesión que ha surgido desde las necesidades sociales y que se ha exigido avanzar velozmente en el conocimiento científico y aplicabilidad de teorías propias en la práctica. De este modo, se brinda un cuidado holístico, sin distinción de género, sin estigmas de emociones y construcciones sociales del pasado que quiebran las subjetividades de quienes ofrecen el cuidado.
Estremecer desde la conciencia, en el ejercicio profesional de enfermería, sensibiliza a los enfermeros, tanto hombres como mujeres, a ejercer una labor que desosiega los paradigmas estereotipados de discriminación, maltrato y conflicto, relacionados con la decisión de estudiar o dedicarse a una labor que socialmente no alcanza el estatus e imagen de otras profesiones.
Así, este escrito insta a la reflexión desde un
Es necesario analizar los pilares de respuestas y percepciones sociales que se gestan desde los significados en torno a la enfermería y sus hombres. Así, se traza un camino para superar las agresiones sumisas que internamente se presentan dentro de los estándares profesionales, que denotan violencia y alejan los intereses de los hombres en el mercado competitivo.
La invitación es trabajar de manera colaborativa en la compensación de roles en el ámbito laboral, como método que mejore el estatus de la profesión sin delimitación de actividades sexo-género, una disyuntiva que expone a los hombres cuidadores a condiciones de vulnerabilidad, debido al rechazo social e incluso en el gremio profesional.
Cabe decir que, en la enfermería, aunque ha experimentado metamorfosis para una mayor inclusión y diversidad, aún se presentan denominaciones excluyentes para los hombres. Por ejemplo, en el uso del lenguaje, escuchamos expresiones como “la enfermera”, incluso cuando desconocemos quién es la persona que está atendiendo a un paciente. Por eso, si bien la enfermería inició con un rol femenino, es necesario pensar siempre en una profesión diversa, donde existen hombres dentro de ella que superan y desafían a toda marcha los estereotipos denigrantes que desequilibran a una profesión en pleno siglo XXI.
Ahora bien, el desarrollo de la enfermería también ha incluido a los hombres en la lucha por el reconocimiento de la profesión, quienes han fortalecido el quehacer profesional con su historia, habilidades, perspectivas y experiencias frente a la práctica de cuidar, como un acto que nace desde los inicios de la humanidad. Ese reconocimiento que siempre ha sido debate de múltiples grupos no solo desafía los estereotipos de género arraigados, sino que también resalta el equilibrio social inclusivo y equitativo de la profesión, y que debería de estar presente en la sociedad en general.
Los hombres en enfermería subyacen en la esencia del cuidado, al igualar el desarrollo profesional, la autonomía y el liderazgo que como características de masculinidad han adoptado a nivel social, lo que ha permitido reconocimiento y distinción dentro del sector salud. Cabe decir que la equidad de género en la enfermería promueve el avance de la profesión, al tiempo que fortalece la cultura incluyente en el ámbito de la salud, lo que repercute de manera positiva en la atención integral, sensible, humana y afectiva de todos los pacientes.
Finalmente, también es importante decir que las políticas de género y el cambio de conciencia de todas las enfermeras desempeñan un papel fundamental en la promoción de la igualdad, empoderamiento y oportunidades para los hombres en los servicios y dejar de convertirse en una minoría no sentida en enfermería. En la equidad, hombres y mujeres son relevantes para los avances culturales e íntegros de la profesión.