La edad Moderna es a menudo conocida como un período de grandes cambios en ciencia y tecnología con sus consiguientes repercusiones en la vida laboral, militar y filosófica de Occidente. La ciencia de la medicina no iba a ser menos, con grandes cambios tanto en su práctica como en su percepción por parte de la sociedad y su repercusión social. Surgió así el fenómeno conocido como medicalización, por el cual la medicina y sus principios se infiltraron en la vida cotidiana de la población general de la época. Este trabajo examina un fragmento de la novela “Vida de Don Gregorio Guadaña”, escrita por Antonio Enríquez Gómez en 1644 durante su exilio en Francia. El análisis del fragmento revela la sátira aguda del autor hacia la medicalización de la vida cotidiana y la corrupción en la práctica médica. La narración, llevada al extremo de lo absurdo, la realiza el propio feto antes de nacer, ofreciendo una visión acerca del propio parto y los diferentes roles que se desenvuelven en el mismo.
The Modern Age is often referred to as a period of great change in science and technology with its consequent repercussions on the working, military and philosophical life of the West. The science of medicine was to be no different, with major changes in both its practice and its perception by society and its social impact. Thus arose the phenomenon known as medicalisation, whereby medicine and its principles infiltrated the everyday life of the general population of the time. This paper examines a fragment of the novel ‘Vida de Don Gregorio Guadaña’, written by Antonio Enríquez Gómez in 1644 during his exile in France. Analysis of the fragment reveals the author’s sharp satire on the medicalisation of everyday life and the corruption of medical practice. The narration, taken to the extreme of the absurd, is performed by the foetus itself before birth, offering a vision of childbirth itself and the different roles involved in it.
La obra de la picaresca
Además, a esta situación se le añadía la carencia de un gobierno propiamente estructurado y una correcta evolución del sistema económico, que seguía manteniéndose prácticamente intacto desde la Edad Media, con la sociedad dividida en estamentos y un importante conservadurismo social que impedía la movilidad entre ellos. De los pocos beneficiados en este contexto fue la Iglesia, que duplicó su número de eclesiásticos gracias a ser una de las escasas vías de ascenso social.
En cuanto a la sociedad, nos encontramos con una marcada brecha entre cristianos viejos y neo-cristianos (judíos y musulmanes conversos), que acabará por llevar a los segundos a salir fuera de España. El propio autor de este texto, Antonio Enríquez Gómez, se verá obligado al exilio en Francia (desde donde escribirá esta obra) tras ser acusado de cripto-judaísmo (la práctica en secreto de esta religión) por la Santa Inquisición. Estas pérdidas demográficas junto con el continuo intento de expansión colonial en América llevan al fracaso absoluto de la economía española. En definitiva, nos encontramos con una España decadente, con la melancolía de un sistema colonial antiguamente inmenso que ha perdido su esplendor para convertirse en algo demasiado costoso de mantener.
La novela picaresca surge de entre todo este contexto como una oposición al idealismo renacentista. Así, se intercambia la novela caballeresca renacentista, caracterizada por el tópico del caballero que expande un glorioso imperio, a la picaresca del barroco, caracterizada por un pícaro corrupto y fracasado.
La propia figura del pícaro, tópico que le da nombre al género, será la de un personaje errabundo, enemigo del trabajo duro y tramposo, aunque con arte y maestría para engañar, fruto de la astucia de la que le ha dotado su recorrido vital. En él se ve reflejado un ardiente deseo de ascender de clase social que pretenderá siempre conseguir por medios de dudosa legalidad. Pocas veces lo conseguirá, si bien solo será para después caer en picado o volver a su estatus inicial tras algún que otro aprieto.
Es este personaje el que narra la historia a modo de autobiografía, con un estilo minuciosamente realista (aunque inevitablemente teñido de juicios y opiniones) que utiliza para describir el ambiente hostil y de pobreza en el que se encuentra envuelto desde el principio de su vida. Este realismo, lejos del actual de la literatura naturalista, se centra pues en lo negativo, absurdo e incluso desproporcionado de las situaciones que va atravesando el pícaro en sus diferentes oficios, buscando siempre la perspectiva satírica que le permita poner de manifiesto una crítica social (fin último de este tipo de obras).
Así, la picaresca ha sido definida como una “literatura de avisos” ante una posible rebelión de los “desheredados” de la sociedad, una primera señal del descontento de estos con la sociedad.
Llamaron a mi tío el cirujano y algunos médicos amigos de mi padre; hicieron junta sobre mí aun antes de nacido: tales son los médicos, que aún allí tienen jurisdicción sobre nuestras vidas. Dieron a mi madre muerta si no me sacaban hecho cuartos, como si yo hubiera cometido algún crimen de lesa majestad. Mi padre decía a voces que abriesen a mi madre por medio si querían que saliese vivo; oyolo ella que no estaba tan muerta y dijo
Este fragmento está tomado de la
Esta obra adopta la idea de la metempsicosis pitagórica (según la cual el alma experimenta un ciclo de transfiguraciones de un cuerpo a otro hasta lograr su liberación), para relatar así las diferentes transfiguraciones de una misma alma por varios cuerpos. La propia idea de la metempsicosis y la transfiguración del alma nos permite identificar el tópico del pícaro que sirve a muchos amos como el alma que pasa por muchos cuerpos, cumpliendo así con la característica principal de este tipo de novela. La
El fragmento seleccionado pertenece al momento en el que el protagonista, don Gregorio Guadaña, cuenta en primera persona la historia de su propio nacimiento. Lo más llamativo es que, en este momento, el narrador es el propio feto, dando así un paso más allá de la simple narración en primera persona propia de la novela picaresca. Esta narración, exagerada hasta rozar el límite de la absurdez, cuenta su visión disparatada de los hechos desde incluso (y pasando por) su propia concepción y el embarazo y parto de su madre. Además, estará también presente desde antes siquiera de nacer el protagonista ese ambiente hostil en el que se habrá de desenvolver (hasta el vientre materno, escenario clásico de elección y consagración divina, acaba siendo para nuestro protagonista una cárcel oscura).
Este ambiente hostil viene en parte determinado por la familia del protagonista, formada por diferentes practicantes (oficiales o no) de diferentes ámbitos de la salud, que a lo largo de la novela se muestran colaborando para exprimir económicamente a sus pacientes, sin importar mucho la necesidad de los procedimientos realizados (ver
De esta forma, se pone en tela de juicio las motivaciones de los supuestamente formados en salud de la época. ¿Cómo entonces podemos estar seguros de que la atención que brinda ella en su práctica tiene como único interés el bienestar de la embarazada? Si ni ella misma, a pesar de estar casada con uno, se fía de los médicos, ¿cómo ha de hacerlo el resto de la población? Estas dudas se hacen patentes en el momento en el que el parto se complica, y la comadrona vuelve a intervenir para expresar su inseguridad ante las habilidades de sus propias discípulas y, por tanto, los propios conocimientos que les ha transmitido.
Ante la complicación del parto es también de notar la reacción del padre del protagonista como médico. Asistido por sus compañeros médicos, debate cómo proceder ante la complicación del parto, y manifiesta su voluntad de sacrificar a su mujer con tal de salvar la vida de lo que espera que sea su varón primogénito, negándose a dejar sus intereses personales de lado, aunque eso suponga sacrificar la vida de su consorte. De igual importancia a la impudencia del padre es la opinión ante ella del protagonista, que percibe su forma de actuar como una invasión de los médicos en temas fuera de su dominio (“hicieron junta sobre mí aun antes de nacido: tales son los médicos, que aún allí tienen jurisdicción sobre nuestras vidas”).
Esta frase alude al proceso de medicalización que tuvo lugar en esta época, entendido como el fenómeno por el cual la medicina se integró en la vida cotidiana de la población general. Aunque la Edad Moderna se caracterizó por grandes avances y descubrimientos en el ámbito médico, la percepción de estos progresos por parte de la población difería significativamente de la visión de los médicos. Así, mientras los médicos consideraban esta expansión como una ampliación del campo de estudio de la medicina, la población general lo percibía como una intromisión en su intimidad y en asuntos que consideraban completamente ajenos a las competencias médicas, asociándola más con un afán de control por parte de los médicos que con la medicina propiamente dicha.
Por último, cabe mencionar el final del fragmento, cuando al ir el cirujano (tío del protagonista) a sacarlo del vientre de su madre “hecho cuartos”, el niño decide nacer. En este tiempo, si se quería salvar a la madre en un parto complicado, solo se podía sacar al niño a la fuerza, a menudo fracturándole el cráneo y sacándolo con ganchos romos de hierro, “fruto de Vizcaya”, dice el autor, por alusión a la gran industria de este metal en la región.
La novela